Tuesday, June 23, 2009

Rock `n´Bikes

El Cancionero Bicicletero:
Música para pedalear

La música es movimiento. Basta que empiece a sonar para que las personas se activen con sus notas, por eso va del pedal con la bicicleta. La ciencia ha demostrado que escuchar música al practicar algún deporte incrementa la actividad mental y el rendimiento físico, las vibraciones influyen en las ondas cerebrales que generan energía en el sistema nervioso y sincronizan los dos hemisferios del cerebro, un balance parecido al de las dos ruedas de la cleta.

Radish, trío de grunge bicicletero.

De hecho, la bicicleta es como un piano o una guitarra y necesita ser afinada antes de salir a pedalear con ritmo, melodía y armonía. Quizá por eso varios músicos le han dedicado canciones a sus biclas. Tal vez la más famosa de ellas sea la clásica Bicycle Race de Queen, del disco Fat Bottomed Girls, con su portada de chicas semidesnudas en bicis.Armonía es una mujer en bicicleta.

A lo mejor Freddy Mercury no tenía idea científica sobre los efectos de su música en las cabezas de sus escuchas, pero es un hecho que Syd Barrett lo experimentó en mente propia.

Syd y sus bikes.

El excéntrico y genial guitarrista fundador de Pink Floyd era un ciclista habitual y escribió una canción de colores llamada Bike, pieza surrealista incluida en el primer disco del grupo, The Piper At The Gates of Dawn.

Syd hacia el final de sus días en 2005.

La bicicleta ha inspirado al músico de reggae Eek a Mouse, quien entona su tema Bicycle, así como al ya legendario trío femenino de japonesas, The Shonen Knife, quienes en su disco Let’s Knife tocan una estupenda rola llamada Cycling is Fun.

Las Shonen: andar en bici es punk.

Dos cantautores, Damien Jurado y John Fahey, interpretan sendas versiones de Bicycle Built for Two. Entre los de antaño, el grupo de hard rock Nazareth contaba en su repertorio con My White Bicycle, mientras que los irlandeses Thin Lizzy le dedican unas líneas en la canción Renegade. Sin embargo, Broken Bicycles de Tom Waits es la más inspirada, la versión en vivo que canta antes de Empty Pockets.


También está la pieza de los Sugar Cubes, Motor Crash, incluida en su disco Life’s Too Good, en la que Björk canta que pedaleaba feliz hasta que vio un accidente.

La marca Diamond Back, recién establecida en Inglaterra, fabricó el modelo downhill Black Sabbath, inspirada en la banda de heavy metal. Todo un fierro para bajar como demonio.

El dúo The Vaselines, uno de los favoritos de Kurt Cobain, tienen la canción Rory Ride Me Raw de su disco All The Stuff and More… Y los fabulosos Pixies, en el disco Surfer Rosa tocan Tony’s Theme, acerca de los vericuetos de un chavo que monta su BMX.

John Lennon anduvo en bici toda su vida y tuvo varias desde su infancia, se supone que Watching the Wheels está inspirada en una. El conjunto electrónico Kraftwerk tenía el disco y la canción Tour de France y recientemente hay más grupos inspirados en bicis como los Ginger Ninjas, quienes realizan sus giras en cleta y generan la energía de sus conciertos pedaleando.


También apareció el grupo The Bicycles con el disco The Good, the Bad and the Cuddly; mientras que hoy suena I can ride my bike with no handlebar de los Flobots.

Música para andar en bicicleta.

Publicado en Bike a Fondo #14

Monday, June 15, 2009

Cuando te toca… ¿te toca?

A Liliana Castillo

El otro día estaba comiendo con El Bola, gran amigo desde hace 27 años, y por recordar a algunos compañeros y amigos mutuos caímos en uno de los temas que me intriga y con frecuencia me pone a pensar: la suerte, ¿existe?
Él opinaba, al igual que muchas personas, que la suerte no existe. Todo lo que le sucedía a una persona en la vida era producto de sus decisiones y acciones. Por el contrario, yo entiendo a la suerte como todo aquello que no se puede controlar. Es decir, por más que uno piense, haga planes minuciosos y trate de prevenirlo todo, siempre ocurren cosas impredecibles que a veces son a favor (buena suerte) pero la mayoría son en contra (mala suerte).

Siempre sucede así.

Me fascina la idea de la suerte en el Siglo XXI. Ante lo inexplicable todavía acudimos al rincón más primitivo de la mente humana, el pensamiento mágico, para tratar de explicarnos lo que no entendemos porque escapa a la razón.
La suerte es aplicada bajo muchos nombres, puede ser una maldición, el karma, la probabilidad, el destino, la casualidad, la Ley de Murphy, pero acostumbro llamarla por su nombre: buena suerte, mala suerte. Una vez en Las Vegas, durante un viaje de trabajo, entrevisté a un jugador profesional llamado Pug Pearson, quien a sus 70 años afirmaba categórico: La vida es 99% suerte y 1% habilidad.
Al pensar en esas palabras confirmo mi creencia en lo determinantes que son los factores que no controlamos. Sin demeritar el esfuerzo de una persona, cuando me entero que a alguien le va mal o le va bien o le tocó lo peor, suelo atribuírselo a la suerte. El mundo está lleno de situaciones que lo demuestran.

El reciente caso de Johanna Ganthaler
Pasajeros del vuelo 447 de Air France

Mientras El Bola y yo platicábamos acalorados, un avión que despegó de Brasil, el vuelo 447 de Air France, desaparecía en el Océano Atlántico sin dejar rastro con 288 pasajeros abordo. La pasajera 289 se salvó porque perdió el vuelo. Por supuesto, debe haber explicaciones para la caída del avión: una falla humana del piloto, una falla técnica, un atentado, una parvada de aves… Sin embargo, ella tuvo la buena suerte, a los que murieron les tocó la mala. Lo irónico e inexplicable del caso es que una semana después, la mujer viajaba en coche con su esposo por una carretera de Austria y fueron a estrellarse contra un camión. Ella murió en el hospital, su esposo estaba grave. Mala suerte. Ante este hecho, lo primero que viene a la mente es: cuando te toca, te toca. Pensamiento mágico. Es decir, creemos en el destino. Esto quiere decir que nuestras vidas están escritas, Alguien las escribió y está al tanto de que se cumplan ineludiblemente. ¿Ya estaba escrito que esta mujer debía morir? ¿Era su destino ineludible? ¿Alguien controlaba su vida?

El igualmente extraño caso de Ricardo Aldape GuerraEn 1997 supimos de un condenado a muerte en Texas que tuvo la buena suerte de salir libre, el primer y único mexicano en lograrlo. El tipo había tenido la mala suerte de ser condenado y esperar 15 años a que se cumpliera la sentencia. Entonces sucedió el milagro, el sistema de justicia gringo reconoció su error y lo dejó en libertad. Poco después, Aldape manejaba su coche por la carretera de Matehuala a Monterrey, sufrió un choque y perdió la vida. Cuando te toca, ¿te toca?

El lamentable caso de Liliana Castillo
El 22 de mayo fue atropellada en su bicicleta por un automovilista llamado Mauro Gerardo Martínez Toussaint, cuando circulaba por Avenida Universidad. Liliana murió en el hospital, tenía 23 años, era ilustradora, fotógrafa y actriz. Ahora mismo trabajo en un artículo dedicado a ella y a su bicicleta. Sin duda, el conductor, quien logró evadir la acción de la justicia gracias a la corrupción, merece que se le aplique la ley. Pero me quedo pensando en Liliana… ¿Por qué ella, habiendo tantos ciclistas y peatones desprotegidos por la ciudad? ¿Por qué precisamente una joven y talentosa mujer? Por desgracia, todo parece indicar que le tocó la mala suerte de pasar por un mal lugar, en un mal momento, frente a un estúpido.

Monday, June 8, 2009

Respuesta a García Michel

Con M de MoscaEn una de las primeras fiestas de la Mosca que se llevó a cabo en el departamento de la joven y misteriosa M, entré a su recámara por una mochila con discos compactos. Tras de mí entró ella. Saqué un jitter, fumamos y nos quedamos platicando… Un mes después no lograba quitarme de encima a García, quien me hostigaba y me exigía que le dijera qué habíamos hecho M y yo aquella noche. Estaba obsesionado, sus llamadas y sus correos me hartaron hasta que le dije que sólo habíamos fumado un poco. Entonces se puso peor, histérico porque, según él, ella no fumaba esas cosas malignas, que me dejara de mentiras y le dijera la verdad: ¿Qué habíamos hecho? Lo mandé a volar y me alejé algún tiempo de la Mosca por este episodio. M se fue a vivir a otro país.
Cuando regresó de su estancia en el extranjero M volvió a la Mosca y me contactó para colaborar. Además, empezamos a salir. Le conté lo que había sucedido después de aquella fiesta años atrás y me dijo que no le hiciera caso a García, lo mismo le había sucedido a otros amigos suyos. M y yo mantuvimos una amistad que duró casi dos años, sin que García lo supiera, la cual estuvo marcada por el acoso que atestigüé personalmente. A toda hora le marcaba al celular y le mandaba mensajes para saber dónde estaba, qué hacía, con quién, cuándo regresaría a su casa, etc. No importaba lo que estuviéramos haciendo, saliendo del cine, cenando (me gusta cocinar y a M le cociné) o viendo películas en mi departamento, García marcaba y mandaba sus mensajes inoportunos. Y lo peor era que ella le contestaba y lo toreaba.En repetidas ocasiones le pedí a M que habláramos con él para hacerle saber que salíamos y pedirle que nos dejara en paz. Pero no quiso porque estaba segura de que se él se pondría muy mal y ella se quedaría sin trabajo. Varias veces M se negó a invitarme a sus reuniones por temor a que García hiciera un drama. Entonces se nos ocurrió buscar trabajo en otra parte y la conecté con un director editorial web de Editorial Televisa. Consiguió el trabajo y dejó la Mosca, ahora sí estaríamos tranquilos y podríamos aclararle el asunto a García sin temor a represalias. Pero ella se volvió a negar y García seguía duro y dale. Me di cuenta de que a ella le gustaba mantener el control absoluto y la manera en que lo manipulaba caprichosamente. Entonces dejamos de vernos.
Dos años después, a finales de 2007, le envié a García una crónica de los Dandy Warhols en la que mencionaba a M (por la canción The Last High que compartí con ella). Pasaron tres meses y no quiso publicarla hasta hablar con ella y preguntarle si alguna vez habíamos tenido algo que ver. Cinco años después seguía obsesionado. Y ella me negó, le dijo que no. Sólo entonces García publicó la crónica. Me enteré de esto tristemente por boca de M, intentamos vernos de nuevo y me contó la historia, riendo, mientras tomábamos café. En ese momento, y ante su desconcierto, me levanté y me fui. “Lo hice para que publicara tu crónica”, alcanzó a decir para justificarse… Dos meses después la Mosca tronó. Y García nunca conoció esta historia de M, hasta ahora que exige saberla.

Las chicas ácidasA finales de 2007 recibí un correo de la misteriosa P, quien trabajaba en la Mosca y era el Gran Amor en Turno de García. Me pedía sin pena que le conectara unos ácidos, “pero que no se entere Hugo porque se enoja si alguien se mete con sus chicas”. Este correo lo conservo, así como el largo historial de correspondencia que mantuve con M. Sólo de pensar en esa pesadilla me dio frío enrollarme con P, así que le respondí cualquier cosa, me hice el desaparecido y no volví a saber de ella.

Falta de profesionalismo
Si mencioné esto en la nota fue porque esa actitud poco profesional fue uno de los factores que llevaron a la Mosca a la tumba. Y desgraciadamente es una actitud muy común entre la gente del medio editorial (supongo que en todos los campos profesionales sucede). Aprovecharse del puesto de director de una publicación para contratar y rodearse de chavitas, ejercer un machismo desorbitado y abusivo, con ataques de celos y chantajes, al grado de sentirse el dueño de las “chicas” como si fueran objetos de su propiedad (quienes al final ríen y lo manipulan sin tomarlo en serio). Así me lo confirmaron L, K y F, con quienes mantengo amistad y evitaban ir solas a la oficina de la Mosca, es decir, al departamento de García.
Su reacción me parece una ironía, indignado exige pruebas (muy al estilo de López Obrador, desesperadamente) cuando él solo se ha exhibido y se ha encargado de cultivar durante años esa imagen pública de amante de las jovencitas (capaz de matar por ellas). Quizá para los políticamente correctos como él debí expresarlo con eufemismos. Pero deja de ser un dato frívolo cuando se convierte en una de las razones por las cuales muere un proyecto editorial.

(Mantuve el anonimato de las chicas muy al estilo de García, para que no se ofenda por ellas y luego diga que les falto al respeto.)

Monday, May 25, 2009

10 años de dolor y gastos médicos

¿Incompetencia profesional o el negocio de la salud?
¿Sufre usted dolor de espalda? De ser así este caso puede interesarle. Durante diez años padecí una lumbalgia que me inmovilizaba y terminó por cambiarme la vida. Por suerte eso terminó cuando visité a un médico profesional, competente y honesto, quien me hizo saber algo más doloroso aún: había pasado una década de malestar y gastos médicos innecesarios.
Una mañana de domingo, en junio de 2008, estaba en la Clínica San José en Ciudad Satélite. Me llevaron de urgencia para recibir una inyección. El ortopedista que la puso me pidió una resonancia magnética de la zona lumbar y colocó frente a mí una receta que me quitó el dolor tan sólo de leerla:
1. CELEBREX 200 MG. 1 COMP VO CADA 24 HRS. AL MEDIO DIA CON ALIMENTOS POR 15 DIAS.
2. ONEMER O SUPRADOL O DOLAC SUBLINGUAL 30 MG. 1 COMP POR LA MAÑANA Y 1 POR LA NOCHE.
3. VOLTAREN AMP: 1 AMP CADA 12 HRS.
4. FAJA LUMBOSACRA A LA MEDIDA
5. LYRICA 75 MG: 1 COMP A LAS 17 HRS.
6. KUPPAM 40 MH: 1 COMP VO CADA 12 HRS (GASTRITIS)
7. EJERCICIO INDICADO 5 VECES AL DIA POR UN MINUTO EN CADA OCASIÓN

Firma: Dr. Héctor Reyna Salmerón, Coordinador Médico de Traumatología y Ortopedia. Consejo Mexicano de Ortopedia y Traumatología.
De acuerdo con la resonancia que me hicieron en el Centro de Imagenología, se supone que tengo una hernia en el quinto disco cargada hacia el lado izquierdo. El Dr. Reyna sugirió operar, además recomendó que dejara la bicicleta por la natación y me prescribió una terapia física con una colega suya (con quien nunca acudí). Me fui pensando en sus palabras, con tantas pastillas e inyecciones pronto estaría “recuperado”, pero el alivio era temporal.
Investigué sobre las operaciones y las sustancias que me recetaban. Pensaba en todo lo que había hecho para quitarme el dolor, cualquier cosa menos dejar la bicicleta. Recordé el largo recorrido que me llevó con dos quiroprácticos, según esto “milagrosos”, y tres ortopedistas cotizadísimos; tratamientos, terapias, estudios, radiografías, medicamentos de todo tipo. Por supuesto, lo que más me dolía eran los gastos (¡saludos Seguros PNG!), nada funcionaba y los dolores eran cada vez más frecuentes, tan agudos que iba por el piquete mágico porque no lograba estar parado, sentado, acostado o en cuatro patas.
El método siempre fue el mismo: cada “especialista” me atiborraba de jeringazos y pastas para desinflamar y atenuar antes de pedirme algún estudio carísimo de laboratorio, luego me enviaba a una terapia de ejercicios y tratamientos en alguna clínica de rehabilitación física. Al paso de unos meses el dolor volvía. Desde entonces fui adquiriendo una serie de hábitos, recomendaciones y prohibiciones para cada actividad: acostarse y levantarse de la cama, sentarse y ponerse de pie, caminar, no cargar objetos pesados, dormir boca arriba en superficies duras, usar sillas con respaldo, subirse al carro de ladito, evitar ejercicios de impacto, realizar estiramientos, olvidar colchones suaves, pufs, hamacas, etc… Una rutina que cambia la vida de las personas.En ese tiempo conocí a muchos con el mismo dolor, la comunidad de la lumbalgia (varios ciclistas) con la que compartí experiencias, consejos, medicamentos y recetas. También tenía que medicarme dependiendo del grado de dolencia. Siempre tenía mis recetas a la mano y una buena dotación de reserva porque el dolor podía atacarme en cualquier momento. Por ejemplo, durante un viaje de trabajo a Orlando me atacó en un hotel, estaba solo y no iba preparado. Allá son muy estrictos con las medicinas y las recetas, apenas conseguí Flanax y Aspirinas, además de dormir en el piso del cuarto con la mirada en el techo. El regreso fue un tormento, arrastrándome por los aeropuertos y trabado en el avión, un clavo al rojo vivo entre las vértebras.Más o menos así fue la vida durante diez años. Y con el paso del tiempo el dolor distorsiona la visión y la percepción, como si se viviera en blanco y negro, una manera elegante de decir que entristece y amarga los días. Si es muy agudo causa un ruido interno de interferencia parecido al de un canal de televisión sin señal. Por eso creí que lo peor sería acostumbrarme a vivir con él, sobre todo por el hábito de hacer ejercicio y la necesidad de andar en bicicleta en pos de las endorfinas. Rodaba a pesar del dolor, empastillado y con una faja deportiva. Tuve que dejar la bicicleta de montaña para pedalear las de ruta y ciudad. En los últimos tres años mi rendimiento descendió notablemente y los dolores aumentaron. Necesitaba más que los cócteles de Vontrol, Dolo-neurobión, Arcoxia, Celebrex, Febrax, Voltarén, Dolac, Dolotandax y Artridol. Entonces llegaba la hora de la cortisona, una maravilla cuyo uso prolongado atrofia los músculos.
En enero de 2009 sufrí otro ataque por cargar cientos de paquetes del libro Las Bicicletas y sus Dueños. Nuevamente caí con el Dr. Reyna, por la inyección y otra receta semejante a la anterior. En esa ocasión me advirtió que volvería más pronto de lo que imaginaba, a menos que renunciara a la bicicleta y me sometiera a la cirugía por la cual me cobraría entre 80 y 100 mil pesos. Pero la operación no garantizaba una recuperación total.Aturdido por el malestar, los medicamentos y las advertencias, fui a tomarme unas cervezas Cosaco al bar Za Za. No acostumbro beber, sin embargo, quise tomar el asunto como un capítulo de Los Simpson para amargarme con dos pintas que me sentaron muy bien. Sin duda, la salud está en los bares. Ahí platiqué con Gustavo, el amigo que hace la Cosaco, y le conté la situación. Resultó que él tuvo algo semejante por cargar los barriles de cerveza, hasta que dio con un médico del deporte que lo salvó de la operación. Me pareció una buena idea tener el último diagnóstico. Además, yo buscaba un médico que tuviera la especialización, la sensibilidad y la mentalidad deportivas. El Gus me dio los datos: Doctor Juan Manuel García, 5286 4033…
El Doctor García me recibió y le mostré el historial. Sólo indicó que me quitara los tenis y el pantalón. Mientras me deshacía de la ropa observó la suela de los tenis: “Tienes un problema en los pies, pisas mal”. Me hizo varias pruebas de movilidad y sensibilidad antes de concluir que el problema no estaba en la espalda ni necesitaba operación. Los “médicos” se habían concentrado en “tratarme” la zona lumbar y a nadie se le había ocurrido revisar los pies o las rodillas. El impacto que recibe el pie al encontrarse con el piso es equivalente al de mi peso multiplicado varias veces, al pisar mal los músculos se inflamaban, la tensión acumulada se iba directo a la espalda baja. La operación no resolvería el problema, hay personas que después de cuatro o cinco operaciones siguen mal y con razón los ortopedistas no pueden garantizar la recuperación. Tampoco volvería a tomar pastillas ni a inyectarme. La solución era muy sencilla y costaría menos de 30 pesos: aplicar masajes de hielo en los pies y una faja caliente en la zona lumbar durante siete noches. Luego de eso podría recuperar mi vida normal y sobre todo pedalear como si nada. Así es, sonaba tan fantástico que yo tampoco lo creí.Aún incrédulo seguí las instrucciones del médico brujo, después de todo no tenía nada que perder y quise pensar que me quedaba una posibilidad de sanar. Siete días después, como por arte de magia, el dolor desapareció. Me puse a prueba cargando las maletas de mi novia en el aeropuerto y yendo a la montaña en la bicicleta. Y la espalda como si nada. El Doc, que en realidad es cirujano y un hombre sabio, me mandó unas plantillas y tuve que cambiar mis Vans de siempre por unos tenis con suela de aire. Ahora estoy estrenando espalda, libre del dolor.
Sin embargo, no dejo de pensar en esos diez años y en los ortopedistas incompetentes que tanto tiempo y dinero me hicieron gastar… En mi paranoia he llegado a pensar dos cosas:
a) Que son unos pendejos y alguna autoridad debería retirarles la licencia para practicar. Aquí aplica la campaña de Alza la Voz en la que se ve a un cirujano y el encabezado: “Yo iba con él en la universidad y compró su título. No le creas nada”.
b) Sólo cuidan su negocio: mantener enfermo y enganchado al paciente. En ese bisne participan los involucrados en la cadena de la salud: los galenos (con sus honrosas excepciones), los fabricantes de medicinas, los laboratorios que realizan pruebas y análisis, las clínicas y los hospitales y, por supuesto, las aseguradoras. Quien sabe, a lo mejor es mi mente bajo los influjos de tantos medicamentos. Y nunca me recetaron opiáceos. Aaaay, estos ¿doctores?...

Publicado en Milenio Diario. Entrada #200 de este blog. Los tenis son parte de mi colección Y NO HUELEN MAL. La última ilustración la hicieron los compas de Milenio.

Friday, May 15, 2009

Por tratar de ser alguien

a veces se me olvida quién soy

Friday, May 1, 2009

El amor en tiempos de influenza porcina

Para Jessica
LOS AMANTES es mi cuadro favorito del gran maestro surrealista René Magritte. Frente a la sobreinformación y la consecuente confusión generada por los medios y las autoridades, yo prefiero sintonizar la frecuencia del arte, lo único que a estas alturas puede salvarnos.

Monday, April 20, 2009

Entre Radiohead y Barack Obama

La Obamanía fue tan odiosa como la Radioheadmanía
No estuve al tanto de la visita de Obama en tiempo real, hojeaba los periódicos y alcancé a ver un resumen en la televisión cuando se fue. Una visita corta, afortunadamente. Es decir, México podría ser una de sus prioridades (¿o debería?), pero el show que se montó para recibirlo y pasearlo, lo supimos bien, fue exagerado. Imaginemos ahora una visita de tres días. Si bien es cierto que se trata de “El hombre más poderoso del mundo” y “El primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos” –que no es cualquier cosa-, su visita careció de sustancia o motivo real que no fuera el protocolario, cumplir con la política del buen vecino. Pero fue rica en despliegue de ostentación, seguridad y espectáculo. Hubo gente que salió a las calles no para ver el paso de un personaje histórico, sino el de su coche o el de su avión, eso me pareció la peor pendejada de todo esto (al gris y mediocre Sarkozy por lo menos lo iban a ver porque todos querían checar a su esposa Bruni), ¿qué tiene la gente en la cabeza? Por supuesto, las quejas no tardaron en brotar: los cierres de calles, la seguridad excesiva y el tráfico siempre joden al ciudadano que mediocremente se queja pero mansamente acepta. Encima, el implacable martilleo de los medios informativos saturaron el espacio con la figura de lo que más parecía un rockstar, un mesías o una profecía de Nostradamus en persona.

Con Radiohead sucedió algo similar
Confieso que no soy su seguidor y conozco poco su música, les he escuchado buenas canciones y me parece un grupo tan normal en términos musicales que nunca me ha jalado a sumergirme en su obra. Ya sé que esto es pecado y por eso lo confieso. Sin embargo, me sirvió para observar con otros ojos su visita. La Radioheadmanía, al igual que la de Obama, fue desmedida y llevada a los extremos del fanatismo (lo cual no me hace mucha gracia, cualquier fanático –deportivo, religioso, político, artístico- es de cuidado). Para mi muy personal punto de vista, los méritos artísticos de este grupo no tienen la talla del fenómeno mediático en el que se han convertido. Para mí están muy lejos de ser “La banda del siglo”, como se les ha dado en llamar, pero respeto los gustos ajenos y si alguien se corta las venas por ellos está bien, pero que no salpiquen. Mañana, tarde y noche sólo se hablaba sobre la figura “genial” de York y se escuchaba su música, porque él es Radiohead. De pronto todo el mundo era fan from hell y enloqueció como si se tratara del último concierto de rock sobre la tierra.

Víctimas de las “manías”
No son los fans, ni el grupo o el político los que generan estas “manías” masivas, sino los medios que de eso viven. El bombardeo informativo es de tal intensidad (tele, radio, prensa, internet, exteriores) que termina por acarrear a miles de personas guiadas por la urgente necesidad de estar ahí, en el concierto del grupo del siglo. Te hacen sentir que es un must, debes asistir o estás out, todo el mundo estará ahí menos tú. Desde semanas antes la gente te preguntaba con ansiedad si ibas a ir como si fuera El Evento Social Imperdible. Mientras la ciudad se paralizaba por las presentaciones de Radiohead y en los medios se rasgaban la ropa, yo escapaba de aquí para pasar el puente en Guadalajara con Jessica. Radiohead no me habla y las multitudes radioheadianas en procesión me provocaron una especie de fobia. Lo curioso es que nadie de los quejosos por la visita de Obama tuvo a bien quejarse de manera tan obvia por la visita de Radiohead y las incomodidades que causaron (incluyendo los tumultos en el aeropuerto, donde fastidiaron al genio en turno del pop). Obama me cae mucho mejor que Bush y sólo tuve que cambiar mi ruta para ir a trabajar como lo hago casi todos los días por las obras del Bicentenario. Comparto su interés por el tema ambiental, el cambio climático y el impulso que le está dando al uso de la bicicleta. Es un fenómeno mediático de su propia talla.